
Hay regalos que se nos dan en vida que es muy difícil que sepamos llegar a apreciarlos hasta que reparemos en la imposibilidad de que se repitan. Con la fotografía aprendí que no hay dos lugares iguales en dos momentos distintos y que cada momento es diferente a todos los anteriores y a todos los posteriores.
Nunca, probablemente, volveré a oír a Hank Jones. Porque tiene 91 años y no durará para siempre y, si dura un poco más, quizá no vuelva a Lisboa. O quizá esté yo en otro sitio cuando el vuelva. O mi oído se esclerosará por completo. Pero nunca, nunca volveré a escuchar a Hank Jones. Nunca a unos metros de su piano, como me encontraba el otro día.
Hank Jones es, posiblemente, uno de los pianistas de jazz más importantes de la historia. Porque es historia del jazz. Nacido en 1918 en Mississippi, comenzó a tocar piano en clubes de Michigan y Buffalo y Nueva York, donde, después de pasar por algunas big bands de menor tronío, se une en 1947 a Coleman Hawkins que dirige una big band (Jazz at The Philarmonic) cuya voz es Ella Fitzgerald y con ellos permanece hasta 1951, año en que se junta a Johnny Hodges y a Artie Shaw en diferentes proyectos. En 1956 se une a la banda de Benny Goodman y es contratado como pianista de la CBS, donde permanecerá 17 años, no siendo eso impeditivo de colaborar con los mayores artistas del bebop y el cool, como Cannonbal Adderley o Wes Montgomery, Charlie Parker, Oscar Peterson o Max Roach.
Si eso no es un currículum, no enviaré nunca más el mío a ningún sitio.
Como curiosidad, deciros que Hank Jones es hermano de otros dos grandes del jazz, Elvin Jones (batería del John Coltrane Quartet y, una vez fallecido Coltrane, del McCoy Tyner trio) y Thad Jones (trompetista, percusionista y líder de big band). Curioso, teniendo un padre que consideraba el jazz como "maléfico".
Como digo, no volveré a escuchar en vivo a Hank Jones, ni a ningún otro músico de las generaciones que él acompañó. Todos desaparecieron, víctimas de las drogas, la vejez...
Pocos sobrevivieron, Haynes, Rollins. Pero aún menos conservaron la elegancia y la profesión que Hank Jones demostró en el escenario el otro día. La de un hombre que sabe todo sobre el jazz, porque ha nacido con él, y morirá con él. El sentido del compás perfecto, de la elegancia en las entradas, de la perfección en cada nota, del orden que merece hasta la improvisación.
No hay casi nadie así en el mundo. Y yo tuve la suerte de ver a uno.
Y como todos los regalos que nos da la vida, no hay nada mejor que compartirlo, en lo posible, con los próximos.
Amigos, sesión doble de Hank Jones (os conmino a reconocer los músicos a los que acompaña al piano en el primer vídeo... a ver cuanto sabéis de jazz)
Nunca, probablemente, volveré a oír a Hank Jones. Porque tiene 91 años y no durará para siempre y, si dura un poco más, quizá no vuelva a Lisboa. O quizá esté yo en otro sitio cuando el vuelva. O mi oído se esclerosará por completo. Pero nunca, nunca volveré a escuchar a Hank Jones. Nunca a unos metros de su piano, como me encontraba el otro día.
Hank Jones es, posiblemente, uno de los pianistas de jazz más importantes de la historia. Porque es historia del jazz. Nacido en 1918 en Mississippi, comenzó a tocar piano en clubes de Michigan y Buffalo y Nueva York, donde, después de pasar por algunas big bands de menor tronío, se une en 1947 a Coleman Hawkins que dirige una big band (Jazz at The Philarmonic) cuya voz es Ella Fitzgerald y con ellos permanece hasta 1951, año en que se junta a Johnny Hodges y a Artie Shaw en diferentes proyectos. En 1956 se une a la banda de Benny Goodman y es contratado como pianista de la CBS, donde permanecerá 17 años, no siendo eso impeditivo de colaborar con los mayores artistas del bebop y el cool, como Cannonbal Adderley o Wes Montgomery, Charlie Parker, Oscar Peterson o Max Roach.
Si eso no es un currículum, no enviaré nunca más el mío a ningún sitio.
Como curiosidad, deciros que Hank Jones es hermano de otros dos grandes del jazz, Elvin Jones (batería del John Coltrane Quartet y, una vez fallecido Coltrane, del McCoy Tyner trio) y Thad Jones (trompetista, percusionista y líder de big band). Curioso, teniendo un padre que consideraba el jazz como "maléfico".
Como digo, no volveré a escuchar en vivo a Hank Jones, ni a ningún otro músico de las generaciones que él acompañó. Todos desaparecieron, víctimas de las drogas, la vejez...
Pocos sobrevivieron, Haynes, Rollins. Pero aún menos conservaron la elegancia y la profesión que Hank Jones demostró en el escenario el otro día. La de un hombre que sabe todo sobre el jazz, porque ha nacido con él, y morirá con él. El sentido del compás perfecto, de la elegancia en las entradas, de la perfección en cada nota, del orden que merece hasta la improvisación.
No hay casi nadie así en el mundo. Y yo tuve la suerte de ver a uno.
Y como todos los regalos que nos da la vida, no hay nada mejor que compartirlo, en lo posible, con los próximos.
Amigos, sesión doble de Hank Jones (os conmino a reconocer los músicos a los que acompaña al piano en el primer vídeo... a ver cuanto sabéis de jazz)





























